lunes, 29 de junio de 2026

Nicolás de Morales, maestro alarife en la iglesia de San Gabriel (la Concepción) de Badajoz

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Nicolás de Morales, maestro alarife en la iglesia de San Gabriel (la Concepción) de Badajoz.

© Pedro Castellanos
(Todos los derechos reservados)
22 de junio de 2026

Iglesia de la Concepción, antes de San Gabriel. 1770-1782. Ya estaba iniciada en 1763.

Nicolás de Morales nació en Marbella (Málaga) sobre el año 1740, pero no podemos saber la fecha exacta porque sus archivos parroquiales fueron destruidos en la Guerra Civil. El dato de su lugar de origen aparece en su partida de matrimonio y defunción, así como en su testamento: «Nicolás de Morales, vecino de esta ciudad, y natural de la de Marbella, Obispado de Málaga, hijo legítimo de Juan de Morales y Morgado y de Josefa González Salcedo, ya difuntos, vecinos de esta referida ciudad». Como vemos, era hijo de Juan de Morales Morgado y de Josefa González de Salcedo, vecinos de Marbella, pero no especifica dónde nacieron sus padres. Huérfano de padres, contrajo matrimonio en Badajoz el 1 de mayo de 1784, con unos 44 años de edad, con Isabel Polonia Corbacho Chinarro, natural de Burguillos del Cerro, hija de Domingo Sánchez Corbacho, natural de Alburquerque y de Isabel Javiera Chinarro Rangel, natural de Zafra. Sus cuñados fueron Juan Ramiro Almerín y José Ibarra Gordillo, natural de Almendral, hijo de Manuel Ibarra, natural de ¿Villoslada de Cameros? (La Rioja) y de María Gordillo, natural de Zafra. José Ibarra estuvo casado con Josefa Margarita Corbacho Chinarro, también natural de Burguillos del Cerro. Nicolás de Morales dotó a su esposa en 1785, lo que quiere decir que al momento de casarse no debía tener medios económicos suficientes. 

Firma de Nicolás de Morales.

¿Por qué se trasladó a Badajoz? 

No lo sabemos, pero ya estaba en la capital pacense en 1762, con 22 años de edad. Hasta ahora no se conocía qué maestros trabajaron en la obra de la iglesia y convento de San Gabriel, a cuya capilla fue trasladada la parroquia de la Concepción tras ser desamortizado el convento en 1836. Los conventos de frailes de San Agustín y de Santo Domingo pleitearon contra los frailes de San Gabriel extramuros, ya que se negaban a su traslado a la ciudad. En un principio, el nuevo convento de San Gabriel se iba a construir en la calle Melchor de Évora. El porqué del traslado al interior de la ciudad era el siguiente: «que con motivo de lo perjudicial que era el referido convento a las fortificaciones de aquella plaza, desde donde los enemigos en tiempo de guerra le hacían sus mayores hostilidades, determinaron los religiosos trasladarse dentro de sus muros para mayor seguridad, no solo para que se hiciese la traslación, sino también para que ejecutada, se demoliere enteramente dicho convento y no quedase aquel padrastro a la plaza, por donde regularmente se le ponía sitio, como sucedió [en] el año de 1706». El traslado definitivo de los frailes no se realizó hasta 1741. En un principio los frailes ocuparon la enfermería que ya poseían en la calle de las Carnicerías (actual calle San Juan entre Concepción Arenal y Bravo Murillo), aunque con la construcción del nuevo convento se construiría otra más moderna en la calle Bravo Murillo. Antiguamente hubo otra en la calle Amparo, antes llamada calle del Polvillo o Enfermería Vieja. Para construir este nuevo convento se tuvieron que trasladar las Carnicerías Reales y el Rastro a las actuales calles Luis Braille y Felipe Checa, terminadas en 1768. El 4 de marzo de 1761 los frailes del convento habían solicitado al cabildo municipal que le traspasara el terreno que ocupaban las viejas Carnicerías y el Rastro por un precio justo para la fábrica de la iglesia que pretendían construir. El 22 de diciembre de 1762 el Real y Supremo Consejo de Castilla otorgaba la cesión. El 16 de noviembre de 1763 se publicaba la escritura de cesión a favor del síndico del convento otorgada por el Ayuntamiento de Badajoz. Después los frailes fueron adquiriendo casas poco a poco, en la calle San Juan hasta Bravo Murillo.



Año 2016. Antiguo claustro del convento de San Gabriel, adquirido por el ayuntamiento. Se observan los elementos añadidos en el patio y recrecido de cubiertas. Parece ser que están siendo o van a ser eliminados. En la planta baja se aprecian los arcos cegados.

Patio del Real Hospicio (luego Hospital Provincial) donde se aprecia el notable parecido con el claustro del convento de San Gabriel. Destaca el mismo tipo de pilastra entre cada arco de medio punto. El sombreado rojo indica la ampliación del siglo XX. Los brocales de los dos pozos deben ser de canteros portugueses.

Iglesia de la Concepción desde el coro en 1958. Fototeca Universidad de Sevilla. Esa decoración de las pilastras y falsa sillería fue eliminado posteriormente, como los petos de los balcones. También la lámpara de cartón-piedra de la cúpula.


El dato inédito donde se cita que Nicolás de Morales trabajó como maestro alarife en las obras de este templo figura en un documento de 1770: «Poder general para pleitos a procuradores de esta ciudad, otorgado por Nicolás de Morales, maestro de alarife, vecino de ella. En la ciudad de Badajoz, a diez días del mes de noviembre de 1770, ante mí, el escribano de su majestad, y de los testigos, [com]pareció Nicolás de Morales, maestro de alarife, vecino de esta ciudad y dijo: que ahora, por el tenor de la presente, en la mejor vía y forma que puede y ha lugar por derecho, otorga, que da todo su poder cumplido, bastante y en el que por derecho se requiere y necesario sea más especial o general, a Domingo Florencio López y Pedro de Sosa Valadés, procuradores del número de esta ciudad y vecinos de ella, a ambos a dos y a cada uno de por sí, insolidum, especialmente para que le defiendan en los cargos que se le quieren atribuir sobre la contratación de la obra de la iglesia de los religiosos franciscanos descalzos de señor San Gabriel de esta ciudad que se está construyendo, en la que ha trabajado el otorgante como maestro principal por su jornal, de cuyos autos se le ha conferido traslado a pedimento del síndico de dichos religiosos y generalmente para todos los demás pleitos, causas y negocios civiles, criminales, ejecutivos y ordinarios que en lo venidero se le puedan ofrecer en esta ciudad, con cuales quiera comunidades y personas y en cuales quiera tribunales eclesiásticos, seglares y militares, así de mandado como defendiéndole y en cada uno de ellos como en la citada demanda que se le quiere atribuir, puedan presentar todos y cualesquiera pedimentos, memoriales, certificaciones, escritos, informaciones y todo género de papeles y justificaciones. Y en prueba, testigos y probanzas, pidan términos, los renuncien, taches los testigos contrarios, juren y prueben las que le parecieren, protesten, contradigan, requieran (…) y nombrar otros de nuevo, que a todos y dicho Domingo Florencio López y Pedro de Sosa Valadés, releve en forma (…). Siendo testigos Fernando Gil Doblado, don Andrés Guerrero y Miguel Velgara, vecinos de esta ciudad. Fdo.: Nicolás de Morales». Parece indicar que hubo algún problema legal entre el alarife y los frailes (representados por su síndico) con la obra y recurre a esos dos procuradores para que le defendieran en una demanda contra él. No se especifica el motivo, que pudo ser algún retraso, o defecto en las obras recién comenzadas en ese mismo año de 1770. Otra posibilidad sería, las más sensata, como en otros casos que he conocido, que al comenzar una obra se contrataba a procuradores por si durante ese periodo ocurría algún tipo accidente le defendiesen. Digamos que era una forma de curarse en salud, como ahora se hace contratando un seguro de responsabilidad civil. Por eso cita pleitos en lo venidero.


Fachada principal de la iglesia de la Concepción.

Arcos conopiales del antiguo convento franciscano de San Antonio de Campomayor, Portugal (1732). Esta localidad es frontera con Badajoz por el norte. Vemos las similitudes con las iglesia de la Concepción de Badajoz. También en detalles de una ventana de una casa de esta localidad portuguesa.



Aguamanil a la entrada de la iglesia de la Concepción.

¿El proyecto fue obra de Nicolás de Morales?

Es muy probable, puesto que ya sabía trazar planos. En aquella época no estaba muy bien definida la profesión de maestro alarife, que podía ser, como dice la RAE, equivalente a un arquitecto o maestro de obras. Hoy en día el proyecto lo realizaría un arquitecto, con los planos realizados por él o por delineantes. El jefe de obras sería el encargado de dirigirla, con la supervisión del arquitecto y/o arquitecto técnico. El proyecto de esta iglesia, cuyo claustro ha sido adquirido por el ayuntamiento, se solía atribuir al arquitecto madrileño Ventura Rodríguez Tizón (1717-1785). Nunca se ha podido demostrar que fuese obra suya. El historiador Thomas Ford Reese (1) pensaba que si este templo hubiera sido originalmente realizado con un proyecto de Ventura Rodríguez fue ‘bastardeado’ por algún arquitecto secundario provinciano. María Cruz Villalón y William S. Kurtz comparten esta teoría en un artículo (2). Esto podría avalar la intervención en sus trazas de Nicolás de Morales, puesto que fue admitido como miembro de la Real Academia de San Fernando de Madrid. Lo solicitó el 19 de noviembre de 1762, figurando como vecino de Badajoz, con 22 años de edad (3). Allí debió de ser alumno de Ventura Rodríguez, ya que este fue profesor y director general de la academia tras fundarse en 1752. Nicolás de Morales obtuvo el título de arquitecto entre 1770 y 1774. Quizá fue este su proyecto de graduación, lo que hoy sería el proyecto de fin de carrera.

Esta posible influencia de Ventura en Nicolás se advierte en la forma circular de la capilla mayor y pasillos laterales. Sin embargo, en mi opinión, Nicolás se dejó influenciar casi en su totalidad por la arquitectura portuguesa que tenía al otro lado de la frontera. Así lo podemos ver en la otra obra conocida en Badajoz que ha llegado a nuestros días de Nicolás de Morales, el Real Hospicio, o Real Casa de Piedad, que luego ocupó el Hospital Provincial de San Sebastián. Eduardo Sordo Osuna (4) demostró en 1999 que el proyecto fue obra de Nicolás de Morales (tengo que advertir que nunca usó el segundo apellido Morgado) ya que se venía atribuyendo a Diego de Villanueva. Este Real Hospicio se realizó entre 1773 y 1780, es decir, en las mismas fechas que la iglesia de San Gabriel, lo que avala la teoría. La portada del hospital, de mármol de Borba, fue mutilada en la época de la República. Debería recuperarse la corona real sobre el escudo del rey Carlos III (1759-1788), el escudo del obispo Pérez Minayo (está incompleto por lo que habría que hacer una réplica) y otros elementos decorativos. Se aprecia ese estilo portugués tan característico. Seguramente la realizó el artista portugués del que hablaré después. La puerta se compone de un vano de líneas limpias rematado por un arco sutilmente rebajado. En la clave destaca el escudo de Carlos III, ricamente tallado con motivos de rocalla barroca que sobresale de la estructura. El vano está flanqueado por pilastras de mármol blanco con vetas rojizas. A ambos lados, el paramento de la fachada adopta un diseño de almohadillado geométrico en franjas horizontales, un recurso arquitectónico clásico muy utilizado para dignificar las plantas bajas de los grandes edificios institucionales y palaciegos de la época. Sobre la cornisa que divide los dos pisos, la portada se ensancha gracias a dos grandes volutas o roleos en espiral moldurados en relieve sobre la pared, que abrazan el conjunto y canalizan la mirada hacia el centro. En el eje de simetría se alza una hornacina de medio punto (antes poseía un techo en forma de concha) flanqueada por pilastras cajeadas y coronada por un pequeño frontón clásico a modo de dosel o tejaroz protector. En el interior del nicho, sobre una peana labrada con un trono de ángeles que rodean la media luna, se sitúa la imagen de la Virgen de la Piedad, una obra exenta esculpida en mármol blanco. Procede del desaparecido Hospital de Nuestra Señora de la Antigua Piedad de la plaza de España, que tuvo fama de milagrosa en su momento. Enmarcando la hornacina, la decoración de yesería y piedra labrada incluye relieves geométricos planos y, de manera muy prominente, dos grandes jarrones ornamentales de perfil bulboso que flanquean el edículo, reforzando la verticalidad de la fachada. Otros dos jarrones flanquean el tejaroz. La decoración de la portada no se interrumpe en la cornisa general del edificio, sino que asciende sobre ella creando un piñón o remate mixtilíneo de líneas curvas y sinuosas, idéntico al que se puede observar en los hastiales de las iglesias y ermitas barrocas del entorno geográfico hispanoluso. Presidiendo la parte más alta de este copete se ubica el escudo del obispo Pérez Minayo. 

Esta decoración es visible también en la llamada ‘escalera noble’, recientemente recuperada, donde le fue eliminado el color verde-hospital por unos tonos pastel. Debajo del verde se observaban unos estucos de tonos rojizos que imitaban mármoles. En las pechinas de la cúpula figuran las armas del obispo Manuel Pérez Minayo (1755-1779), gran benefactor de estas obras. Muestran el espectacular espacio de la escalera señorial del antiguo hospital. Se trata de un bello ejemplo de arquitectura institucional donde el barroco tardío y el rococó de clara influencia luso-extremeña transforman un espacio funcional en una obra de arte escenográfica. El acceso a las plantas superiores se realiza a través de una elegante escalinata de mármol blanco, flanqueada por una balaustrada maciza del mismo material con pasamanos curvo. En el arranque de la barandilla destaca un esbelto farol de hierro forjado con intrincados motivos de volutas. Las paredes, con molduras de yesería, están pintadas en tonos crema, blanco y sutiles dorados. Este uso del color pastel combinado con yeserías blancas es un rasgo inequívoco de la estética rococó del siglo XVIII en la Raya. El espacio se cubre con una bóveda de cañón con lunetos ricamente decorada. En los arcos fajones se aprecian medallones mixtilíneos; el central alberga un relieve de una cruz flordelisada rodeada de rocalla ornamental. El centro del espacio está coronado por una gran claraboya acristalada de colores con armazón de hierro, que inunda de luz natural todo el tiro de la escalera, del siglo XIX. Las pechinas y las esquinas que sostienen este anillo luminoso están profusamente decoradas con relieves calados de hojarasca, conchas y motivos asimétricos barrocos con las armas del obispo Pérez Minayo. El muro frontal de la escalera funciona como un gran manifiesto de la historia y función piadosa del edificio. En la parte alta, en una cartela de yesería, figura la inscripción histórica del origen del edificio antiguo: «Este santo hospital fue fundado por el capitán don Sebastián Montero de Espinosa y el arcediano don Juan Vázquez Morcillo el 24 de febrero de 1694». Hay que recalcar que este hospital estaba más abajo, más o menos donde está la actual capilla del padre Rafael. Allí estuvo el primitivo convento de las Descalzas, permutado por la casa palacio del mencionado Sebastián Montero de Espinosa. El convento está ahora frente a la plaza López de Ayala. El hospital se trasladó al Real Hospicio, que era el original.


Fachada del Real Hospicio que ocupó el Hospital Provincial de San Sebastián (mejorada y coloreada por Pedro Castellanos). Ca. 1908. 

Remate de la portada del vestíbulo.

Hornacina con la Virgen de la Piedad, procedente del antiguo Hospital de Nuestra Señora de la Antigua Piedad. Quizá en recuerdo se llamó Real Casa de Piedad.

Escudo de Carlos III.

La portada en 2020, mutilada en los años 30 del pasado siglo.


Bajo la inscripción se despliega una gran pintura mural dividida en dos registros espirituales y temporales. El registro superior representa la escena religiosa de la Piedad, la Virgen María sosteniendo a Cristo descendido de la cruz entre ángeles. Las pinturas parecen ser del siglo XX, quizá de época de la República, pues varios escudos de Badajoz carecen de corona real. Alguna está firmada por un pintor de apellido Lillo, con el de una autopsia de una mujer y de escenas bíblicas, como la resurrección de Lázaro. El registro inferior rinde homenaje a la labor médica del hospital, mostrando una sala de operaciones con médicos y un niño enfermo atenido por un médico y una monja de la caridad, pues este hospital estuvo regido por las hijas de la caridad. Ambos registros quedan separados por el escudo de armas de la institución. En el inicio de la escalera, sobre un pedestal de mármol oscuro, que sustituye al original conservado en un patio, se ubica la escultura exenta en piedra blanca de Sebastián Montero de Espinosa. Viste la indumentaria noble de la época con una marcada gorguera o cuello aristocrático, representado en actitud de oración permanente con las manos unidas y de rodillas. Le falta la espada de metal que llevaba. Al otro lado se encuentra el busto del famoso médico Augusto Vázquez Torres. Tanto el arco de paso inferior como la ventana superior con reja de forja, están enmarcados por molduras de perfil quebrado, orejeras y copetes rematados con motivos de conchas o palmetas caladas de herencia lusa. El nivel intermedio muestra un portón de madera rematado por un arco de medio punto provisto de un gran abanico de rejería geométrica que conecta las estancias interiores del antiguo hospital con la fecha de 1887. Estos motivos decorativos los podemos ver en templos de Campo Mayor, Elvas, Évora, Villaviciosa, Estremoz, etc. Muchas de ellas construidas o reconstruidas tras el terremoto de Lisboa de 1755.


Comparativa de una chimenea de Campomayor, Portugal (1724), con la espadaña de la iglesia de la Concepción (1770-1782). Una de las campanas está fechada en 1941 y otra en 1943. Esos roleos curvos de los laterales son característicos de la escuela portuguesa.

Antiguo convento franciscano de San Antonio de Campomayor, Portugal (1732). Hoy es convento de monjas de la Inmaculada Concepción. Se aprecian estos roleos en el remate de la iglesia. Son muy típicos de las iglesias portuguesas, especialmente del Alentejo.


La Real Casa Hospicio. 

Fue fundada por el rey Fernando VII el 12 de abril de 1757. Al mismo tiempo se agregaban a él los tres hospitales que había en la ciudad en aquel momento, que eran el de Nuestra Señora de la Antigua Piedad, el contiguo de la Misericordia, y el de la Vera Cruz. El de la Limpia Concepción (antes llamado de San Andrés), el de Santa Catalina la Vieja y el de Santa María de los Caballeros o Consolación ya habrían desparecido. El 12 de abril de 1757 el conde de Valparaíso dirige un escrito desde Madrid al entonces obispo de Badajoz, Manuel Pérez Minayo, en el que le transmite la decisión del Rey de fundarlo: «Movido el rey de sus piadosos deseos de fomentar el alivio de las necesidades públicas de esta ciudad y obispado, se ha servido resolver que en esta capital se funde con rentas competentes, y bajo su real protección, un hospicio o casa de niños expósitos, huérfanos y desamparados en que con separación se recojan también mujeres de mala vida y pobres de ambos sexos, y ha nombrado por intendente de este establecimiento asociado con el de este ejército y provincia a D. Nicolás Montero [de Espinosa], canónigo penitenciario de esta Santa Iglesia [Catedral] y subcolector de expolios y vacantes de esta mitra, debiendo correr en adelante al cargo de los colectores generales para que ejerzan la protección real, y contemplando su majestad que para perfeccionarse [en] esta tan útil idea, sería muy conducente la agregación a esta casa de las tres, de la Piedad, de la Misericordia y de la [Vera] Cruz, que en esta ciudad ejercen los mismos actos de caridad que se han de practicar en ella». En 1854 se cita la «Real Casa Hospicio donde se halla establecido el hospital nombrado antiguamente de San Sebastián y en el día de la Provincia». El Real Hospicio había sido convertido en cuartel y hospicio militar desde 1810. En 1819 se pide que vuelva a su primitivo uso. En 1827 se realiza la segregación del Hospital de San Sebastián (luego llamado de la Caridad) y agregados a él de la Real Casa Hospicio. Se entregaba a las hijas de la caridad por real orden del 26 de septiembre. Entre el Seminario de San Atón, que hacía esquina a la calle Martín Cansado (hoy es parte de la plaza de Minayo) y la Real Casa Hospicio se encontraba la Casa de Ordenandos, fundada en 1810. Era de los padres paúles o de la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl. Incompresiblemente los dos edificios fueron derribados entre 1985-1986 para formar la plaza y parking subterráneo. Fue suprimida por la ley del 31 de julio de 1837, restablecida por el artículo 29 del concordato de 1851, ocupando la casa otra vez en 1858, variando el contrato fundacional de 1809. Se estableció un convenio adicional en 1863. En 1797 se daban a censo redimible una casa propia de la vinculación de Bartolomé González Caldera, otorgada por su entonces poseedor, Juan Caldera del Campo, en virtud de real facultad a favor del Seminario. Esta casa estaba entre el Hospicio y otras dos contiguas del Seminario. En este mismo año se venden dos casas más en el Campo de San Francisco por los hermanos Juan y Jerónimo Rodríguez Caldera a favor del Seminario. Las tres se incluyeron a la fábrica de la Casa de Ordenandos.





Detalles de la 'escalera noble' en 2022 antes la restauración.


Una vez que se eliminen los elementos añadidos al claustro de San Gabriel se podrían encontrar más muestras de ese estilo portugués, aunque sus tres fachadas fueron muy modificadas. La fachada de la iglesia de la Concepción muestra los típicos arcos conopiales del barroco y rococó portugués, así como el uso en el exterior e interior del templo de pilastras con basamentos y capiteles que solo tienen función decorativa. Tiene dos portadas hacia la calle San Juan. La fachada, de gran altura, está organizada en un plano corrido rematado en su parte inferior por un zócalo de cantería de piedra clara regular. El resto del paramento está enfoscado en un tono ocre o arena cálido. Esta fachada está rítmicamente articulada por pilastras cajeadas de orden gigante que recorren el muro verticalmente. Lo más llamativo es que los capiteles de estas pilastras no siguen un orden clásico estricto, sino que despliegan una profusa decoración barroca a base de grandes volutas y cartelas simétricas talladas en relieve. En la parte superior la cornisa dibuja un perfil curvo y quebrado que rompe la horizontalidad y anticipa ese dinamismo luso. A diferencia de los templos de fachada única central, este diseño presenta un esquema de portadas simétricas. Las puertas de acceso están rematadas por arcos rebajados o escarzanos de cantería. Sobre las puertas se alzan unos aparatosos y dinámicos frontones mixtilíneos curvados, decorados en sus extremos con rosetas en relieve espiral. El de la izquierda muestra el escudo franciscano; el de la derecha exhibe una gran cartela rodeado de hojarasca rococó con las cinco llagas rodeados de un cordón franciscano. Presidiendo el centro de la fachada se encuentra un monumental escudo de armas de Manuel Godoy, labrado en piedra blanca entre los años 1796-1797. Fue picado tras su caída en 1808 en el Motín de Aranjuez. El blasón se enmarca de manera muy original: lateralmente por dos pilastras o columnillas exóticas que simulan candeleros estriados, y superiormente por un frontón partido de líneas muy quebradas. Flanqueando el escudo central, en el piso superior, se abren dos hornacinas hoy vacías. Están rematados por pequeños arcos de medio punto y protegidos por sus propios tejaroces, apoyados sobre ménsulas que acentúan la profundidad arquitectónica del conjunto. En la foto siguiente vemos la cornisa 'dentada' y pilastras decorativas que tanto usó Nicolás de Morales, con otros elementos decorativos típicamente portugueses. 

Interior de la iglesia de la Concepción en 2004. Al fondo a la derecha está la capilla del Sagrario y de la cofradía de la Oración en el Huerto.

Altar mayor con la Inmaculada colocada en los años 20 del siglo pasado.


Pilastras decorativas de dos casas en la calle Arco-Agüero.

Era desconocido que la primera portada fue cegada en 1892, como la primera del convento de Madre de Dios (hoy parroquia de San Andrés). Aparece en la sesión municipal del 20 de enero de 1892: «Permiso para cerrar con mampostería una de las puertas de la parroquia de la Concepción. Dióse cuenta de un escrito del cura vicario de la parroquia de la Purísima Concepción, en solicitud de permiso para cerrar una de las puertas de dicho templo, que da a la calle de San Juan. Su excelencia, conforme con la opinión el asunto del arquitecto y bajo las prescripciones que este indica, acordó otorgar dicho permiso al recurrente». El hueco interior fue tapado con un retablo de madera dorada y de estilo neobarroco, que contiene actualmente una pequeña imagen de san José con el Niño Jesús. La decoración portuguesa de roleos que tenía la portada del hospital es idéntica a la que posee la espadaña grande de la iglesia de la Concepción, pues hay otra pequeña que da a la calle San Juan que pasa desapercibida. La terraza de la cúpula central posee un peto que por la parte exterior imita una balaustrada. Desconozco si es de la época original.

Espadaña que da hacia la calle San Juan.

Portada cegada en 1892 con el escudo franciscano.

Escudo con las cinco llagas y cordón franciscano de la portada principal.


El cantero Bartolomeu Lopes Cordeiro.

Es bastante probable que Nicolás de Morales contratase para sus obras de Badajoz a un maestro pedrero portugués, natural de la feligresía de São Bartolomeu de la localidad de Borba, llamado en España Bartolomé López Cordero. Ambos trabajaron para la catedral. Fernando Castón descubrió que él fue el autor del retablo de mármol de san Atón de la capilla de San Benito, de la Soledad o de San Atón, situada en el claustro de la catedral. El 11 de marzo de 1765 se pagaron 7.550 reales «los mismos que se gastaron y se pagaron al maestro pedrero Bartolomé Cordero, del retablo de piedra que ha hecho al señor san Atón de orden del cabildo y comisión que ha tenido el señor prior». El él destaca una mesa de altar revestida de mármol oscuro veteado, decorado en su centro con un relieve dorado de una cruz con ráfagas. Sobre la mesa se asienta una estructura de mármol blanco y grisáceo. El cuerpo inferior está articulado en tres calles mediante columnas exentas de orden corintio, cuyos fustes lisos, que presentan un marcado veteado gris oscuro, con capiteles tallados en blanco y basamentos cajeados. Aloja una hornacina dedicada a san Atón, obispo de Pistoya, con mitra, capa pluvial y báculo pastoral. Seguramente procede de su ermita extramuros y que encargaría Juan Sánchez Valverde (ver entrada 39 de este blog). A sus pies, flanqueándolo, aparecen dos pequeños ángeles o amorcillos desnudos. En las calles lateras figuran dos pinturas de santo Domingo y san Benito, obra de los Estrada de Badajoz. El ático o remate se encuentra separado del cuerpo principal por un potente entablamento que sobresale a la altura de las columnas. Este ático está flanqueado por dos grandes acróteras o jarrones decorativos de piedra blanca. El cuerpo central del ático está enmarcado por pilastras veteadas y un copete de profusa decoración de hojarasca y volutas barrocas en color blanco. Alberga una pintura central que representa a san Miguel Arcángel venciendo al demonio. Aparece con las alas desplegadas, coraza romana, alzando su espada sobre la figura del diablo envuelta en llamas en la parte inferior.

Retablo de san Atón del claustro de la catedral. Bartolomeu Lopes Cordeiro, 1764-65.

El sacerdote Francisco Tejada Vizuete (5) negó, sin demostrarlo, que el cantero fuese portugués. Desconocía la mala costumbre de castellanizar los nombres y apellidos extranjeros. El dato inédito que confirma la nacionalidad del cantero aparece en un texto donde cita que realizó el suelo de piedra de la iglesia de Santo Domingo de Badajoz: «Una certificación dada por el subprior, presidente y religiosos graves del convento de Santo Domingo, fechada en noviembre de 1777, que manifiesta que Bartolomé López Cordero, maestro de picapiedra, de nación portugués, en el enlosado que hizo en la iglesia de dicho convento, fue alcanzado en 6.260 reales, de cuya cantidad debe satisfacer a [la] referida comunidad 3.000, y los restantes 3.260 a don Miguel Campo Amado, a quien se pasó dicha certificación para su cobro». Este suelo estará bajo el actual de terrazo y otro hidráulico que tuvo debajo.

Bartolomé López Cordero trabajó para la catedral pacense desde 1756. Era desconocido que en 1760 se le pagaron 822 reales del importe de la escalera de piedra que se hizo para la torre. Se trataría del primer tramo de escaleras de piedra que todavía se conserva y se encuentra tras la puerta de acceso a la torre. El resto de peldaños son de ladrillo. Me atrevería a decir que Bartolomé, o un paisano, sería también el autor del retablo de mármol de la ermita de la Virgen de Bótoa, copatrona de Badajoz, templo donde pudo trabajar Nicolás de Morales en alguna reforma. El cuerpo principal está flanqueado por cuatro columnas lisas exentas de gran porte dispuestas en parejas (dos a cada lado), lo que aporta un profundo sentido de perspectiva arquitectónica hacia el centro. Los fustes lucen un intenso veteado en tonos grises. Contrastan vivamente con los elementos estructurales complementarios (basas cajeadas, capiteles compuestos de hojas de acanto y un potente entablamento superior escalonado) que están realizados en un pulcro color blanco. El camarín u hornacina central se abre en un vano mixtilíneo con marco tallado y calado. El marco blanco exterior se expande lateralmente con formas sinuosas de rocalla hacia los intercolumnios. El ático o remate posee un gran copete de piedra blanca decorado con molduras sinuosas, volutas y dos jarrones o acróteras decorativas en los extremos. Presidiendo el conjunto, en la zona central superior, resplandece un gran sol radiante dorado, elemento simbólico del barroco que representa la luz divina y la gloria. En el sotabanco figura el sagrario, que repite las líneas curvas y el color blanco del remate. 

Uno de los aspectos más singulares del presbiterio de esta ermita es el tratamiento cromático y decorativo de los muros y la bóveda que cobijan el retablo, el cual entronca directamente con las soluciones decorativas de la arquitectura barroca alentejana y del sur de Portugal. Los paramentos combinan de forma vibrante tres tonos principales: un fondo en rojo almagra o carmín apagado, grandes plafones o cartelas de un vivo azul celeste, y molduras divisorias en blanco de yesería clara. Esta tricomía genera un contraste de alta intensidad visual que enmarca y resalta el retablo central. A ambos lados del retablo, los muros se organizan mediante molduras blancas curvas y contracurvas (formas de orejeras y tarjas barrocas) que encierran paños simétricos pintados de azul celeste. Estas molduras bajan flanqueando las portadas laterales de madera que dan acceso a otras dependencias, cuyos arcos mixtilíneos están coronados por penachos blancos tallados en relieve. Envolviendo el espacio superior del altar, un gran arco perimetral doblado intercala tramos rojos y blancos con motivos geométricos circulares. Justo encima, la cúpula de media naranja se convierte en un despliegue de pintura mural al fresco con efecto de trampantojo. En ella se aprecian decoraciones de rocalla grisácea y ocre imitando relieves arquitectónicos de una malla calada, que se abren en el centro hacia un fondo azul donde destaca el emblema mariano, profusamente decorado y coronado. Se remata con un trono de ángeles y la paloma del Espíritu Santo en relieve. Esta combinación convierte el conjunto de la ermita de Bótoa en una pieza artística excepcional en Extremadura, donde la arquitectura tradicional enjalbegada exterior, muy sencilla (ampliada a finales del siglo XIX), se transforma en un interior de rica suntuosidad cromática de clara identidad hispanolusa. Esta decoración la vemos también en el púlpito, que incluso se pensó eliminar. Ese tipo de decoración es muy similar a la de la cúpula de la capilla de los Dolores o del Sagrario de la cofradía de la Oración en el Huerto de la iglesia de la Concepción. Está a punto de perderse por las filtraciones desde hace décadas que han producido desprendimientos, lo que ha motivado que se coloque una malla. Esta decoración de yesería muestra símbolos de la pasión.

 

Retablo de la ermita de Bótoa.

Cúpula de la ermita de Bótoa.

Cúpula de la capilla de los Dolores y del Sagrario de la iglesia de la Concepción.


Cúpula de una capilla de la iglesia del antiguo convento de San Antonio (franciscanos) de Campomayor (Portugal). Se aprecia el mismo estilo de estucos y las ventanas que dan luz por los laterales, igual que en la del Sagrario de la Concepción.


También vemos esta decoración, aunque más sencilla, en la linterna de la cúpula central y en la capilla que da a la calle San Juan, hoy dividida en dos alturas. Seguramente, era la de la Venerable Orden Tercera, que creo que era en la que Manuel Godoy sería enterrado si falleciese en Badajoz. En mi opinión, no veo por ningún lado alguna influencia sevillana en este templo, como apuntó Reese. Aunque sabemos de una visita a Sevilla de Nicolás de Morales en 1778, para acopio de materiales para el Real Hospicio. Resulta curioso que el presbítero Leonardo Hernández Tolosa y Tovar, fallecido en 1785, no llegase a mencionar en su libro de noticias quién realizó este proyecto de la iglesia de San Gabriel. Era un gran cronista local, principalmente religioso, y vecino de la cercana calle de Comedias (hoy Donoso Cortés). Por él sabemos que el 13 de mayo de 1770 se colocó la primera piedra y que, una vez acabada la iglesia, se bendijo el 13 de junio de 1782. La fachada principal se encuentra inacabada, pues las dos hornacinas están vacías. También las vidrieras que debería llevar en las ventanas. La cúpula de la iglesia de la Concepción recuerda a la de la parroquia de la Magdalena de Almendral (Badajoz). Este detalle me lo comentó el cronista de Almendral, José Joaquín Pérez Guedejo. Es posible que fuese también de Nicolás de Morales, pues sabemos que trabajó para varios pueblos de la provincia (6). Creo que Nicolás de Morales hizo también alguna reforma en la torre de la parroquia de Santa Marta de los Barros (Badajoz).

 

Posible capilla de V.O.T. Posiblemente, allí sería enterrado Manuel Godoy.

Desde una pequeña puerta situada en la calle San Juan se accede a las antiguas dependencias de los frailes a través de un largo pasillo. También da acceso a la capilla central bajo el coro. Sus bóvedas están decoradas con un innegable sabor portugués. Se tratan de bóvedas de 'caixotões' (casetones). Esa manera de compartimentar el intradorso de la bóveda con molduras geométricas de yesería, creando casetones trapezoidales y rectangulares con discos o rosetas en los ángulos, es un rasgo inequívoco del estilo 'chã' (arquitectura llana) portuguesa. A diferencia del barroco castellano, que a menudo tendía a una decoración vegetal o de hojarasca más densa en el yeso, el modelo portugués prefiere la nitidez geométrica, jugando con el relieve sobre el fondo liso y encalado. Este tipo de bóvedas de paños con casetones (abóbadas de caixotões) era la solución predilecta en Portugal para dignificar espacios de tránsito, capillas colaterales, sacristías o los sotocoros de iglesias y conventos. Lo podemos ver en la foto siguiente.



Donantes para la nueva iglesia de San Gabriel.

Dentro de los poderosos donantes que contribuyeron a la construcción de la iglesia y convento de San Gabriel podemos citar al badajocense Manuel Godoy, que fue patrono del convento, iglesia y enfermería en 1797. Otro donante, desconocido hasta ahora, fue el pacense, vecino de Madrid, Manuel Álvarez de Toledo Lobato. Les donó nada menos que 56.000 reales en 1763. Esto demuestra que ya se había iniciado la obra en ese año, ya que se cita «la nueva iglesia que se estaba construyendo en el mismo convento». También era desconocido que María Jiménez Durán, viuda del ingeniero irlandés Diego de Bordick, les donó en 6.000 reales «para ayuda de la obra de la iglesia de dicho convento que está fabricando» en su testamento de 1779.

Escudo de Manuel Godoy en la fachada de la iglesia de la Concepción (1796-1797).


Las propiedades rústicas de Nicolás de Morales.

Le he documentado de forma inédita unas tierras en el entorno del actual Centro Penitenciario de Badajoz en el año 1777. El dato aparece en una escritura de venta de una suerte de viña de 2.100 cepas al sitio del Mercadillo, que otorgaba Juan Zambrano Lagar, vecino de Badajoz, a favor de Nicolás de Morales, ya maestro de arquitectura: «Una suerte de tierra viña, de cabida de 2.100 cepas, consistente al sitio del Mercadillo, término y jurisdicción de esta misma ciudad, que linda por la parte que mira a ella con el zesmo y serventía común, y por la que hace frente a la Corchuela, con viña de don Pedro Ortega; y por la que mira al río Guadiana con viña de doña Rita Azedo, sus herederos o causantes; y mirando a Thelena, con viña de Manuel Campos y con viñas propias del marqués de Gramosa». 

¿Dónde vivió Nicolás de Morales?

El comerciante Juan González Orduña vendió en 1768 a Nicolás de Morales tres casas contiguas en las calles de la Parra y del Polvillo. La entonces calle de la Parra era el segundo tramo, de tres, de la calle Bravo Murillo. La otra estaba en la calle trasera del Polvillo, hoy Amparo. Las dos primeras estaban juntas. En 1779 redimía un censo de 4.150 reales de estas tres casas: «tres moradas de casas con diferentes censos, las dos consistentes en la calle de la Parra de esta ciudad, lindando una con la otra, y con el horno de poya que está en dicha calle y casas que fueron de Gregorio Hernández de Rueda. Y las otras consistentes en la calle del Polvillo; las cuales fueron fabricadas del corral y puerta falsa de las dos antedichas». Ese horno era del convento de las Descalzas. Un 'horno de poya' era de uso común o comunitario, donde los vecinos acudían a cocer el pan o dulces que habían amasado previamente en sus casas. Era una forma más de sacar beneficios por las monjas descalzas. Existe una casa pintada en gris en la calle Bravo Murillo, con el número 21. Probablemente fuese su casa, ya que posee las pilastras que tanto usó. 

Nicolás de Morales falleció en Badajoz en su casa de la calle de la Parra el 8 de marzo de 1791, con unos 51 años de edad. Fue enterrado, como pedía en su testamento, en hábito franciscano en la bóveda de la Venerable Orden Tercera, de la que era hermano, del convento de San Francisco (hoy iglesia de San Juan Bautista). Era hermano también de la Cofradía de Nuestra Señora de Barbaneda o de la Aurora, supongo que patrona de los 'cameranos' afincados en Badajoz. Dejaba como única heredera a su hija, María de Morales Corbacho. Resulta extraño que se enterrase en el convento de San Francisco de los observantes y no en la iglesia de San Gabriel, también de franciscanos, donde trabajó. Tenía su bóveda de entierros en el sótano.

Posible casa de Nicolás de Morales en la calle Bravo Murillo, 21.


Uno de los primeros trabajos conocidos de Nicolás de Morarles para la Catedral de Badajoz fue en 1765. El 21 de marzo aparece un pago en las cuentas de la fábrica de 120 reales por el trabajo que hizo de levantar el plan (plano) de la casa que se iba a hacer en la calle de la Moraleja, hoy Ramón Albarrán. Aquí queda demostrado que tenía conocimientos para realizar planos, es decir, antes de iniciarse la obra de la iglesia de San Gabriel en 1770, por lo que también pudo haber realizado los planos de la iglesia, hoy perdidos. El 18 de febrero de 1785 aparece otro pago a 'Nicolás de Morales, maestro de alarife de la fábrica', aunque no le he encontrado ninguna obra importante en este templo. Ya tenía el título de arquitecto en 1774, por lo que tenía plena capacidad para diseñar esos tipos de obras que le conocemos. Quizá con ayuda del algún maestro portugués. 

Otras casas atribuibles a Nicolás de Morales (o seguidores) en Badajoz.

Intuyo que él fue el autor de varias casas donde usaba, quizá como marca personal, esas pilastras decorativas que rompen la monotonía de las fachadas. En la que fue derribada para ampliar el ayuntamiento con el pasaje; dos en la calle Concepción Arenal; tres en la calle Arco Agüero (dos contiguas al convento de Carmelitas) que fueron del presbítero Andrés Trinidad, etc.

 

Casa derribada en los años 60 para construir el pasaje de San Juan del Ayuntamiento de Badajoz. Fue la antigua Sastrería García. Se aprecian las pilastras y el balcón corrido como en la número 27 de la calle San Juan y calle Concepción Arenal. También el tornapunta o jabalón, elemento curvo de forja que refuerza la barandilla metálica del balcón corrido de la fachada. Fotos: Archivo Municipal. (autor desconocido).

Calle San Juan, 29. Posee tornapunta en la barandilla metálica del balcón corrido de la fachada. También puede ser suya la número 27 de la izquierda, de la antigua tienda Regalos Campano.




Calle Arco-Agüero, números 13 y 15.


Calle Arco-Agüero, número 5.


Calle Concepción Arenal (y San Gabriel), números 2 y 4. Posee tornapunta en la barandilla metálica del balcón corrido de la fachada.

Calle Donoso Cortés, que continúa en la calle San Juan, número 20.

Calle Donoso Cortés, número 7.

Calle San Juan, 6. Hoy sede de la RSEEAP, antes tienda de cerámicas y material de construcción de Domingo Olgado Leva.

***

ANEXO

Testamento de Nicolás de Morales

28 de abril de 1786

En el nombre de Dios, nuestro Señor y de la Virgen Santísima, su madre y señora nuestra, concebida sin mancha ni sombra de culpa original desde el primer instante de su ser purísimo y natural, amén. Sea notorio a todos los que este público instrumento de testamento y última voluntad, vieren como yo, Nicolás de Morales, vecino de esta ciudad, y natural de la de Marbella, Obispado de Málaga, hijo legítimo de Juan de Morales y Morgado y de Josefa González Salcedo, ya difuntos, vecinos de esta referida ciudad. Hallándome bueno, sano en mi entero, libre [y] cabal juicio, memoria y entendimiento natural, que Su Divina Majestad se sirvió darme, creyendo como firmemente creo en el misterio de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y uno solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios, artículos y sacramentos que tiene, cree y confiesa nuestra santa madre, la Iglesia católica, apostólica y romana, bajo de cuya verdadera fe y creencia he vivido, vivo y protesto vivir y morir como católico y fiel cristiano, tomando como tomo por mi intercesora y protectora a la siempre Virgen e Inmaculada, serenísima reina de los ángeles, María Santísima, Madre de Dios, de todos los pecadores y Señora nuestra, al santo ángel de mi guarda, los de mi nombre y devoción y demás de la corte celestial que alcancen de nuestro Redentor y Señor Jesucristo perdone mis culpas por los infinitos méritos de su preciosísima vida, pasión y muerte, encamine y lleve mi alma a gozar de su beatífica presencia cuando de este mundo vaya temeroso de la muerte, que es natural y precisa a toda criatura humana y su hora incierta para estar prevenido con disposición testamentaria cuando llegue y resolver lo conveniente a descargo de mi conciencia, bien de mi alma y existan dudas y pleitos fiado en dicha protección invocación y auxilio, otorgo, hago y ordeno mi testamento en la forma siguiente:

Primeramente encomiendo mi ánima a Dios, nuestro Señor, que la crio y redimió con el inestimable precio de su preciosísima sangre, muerte y pasión, y el cuerpo mandó a la tierra de que fue formado y cuando la divina voluntad del Altísimo se digne sacarme de esta presente vida a la eterna, como de mi infinita piedad lo espero, confío y es mi voluntad que mi cadáver amortajado en hábito de religiosos de la regular observancia del señor san Francisco de esta ciudad, de cuya venerable [folio fragmentado] y por lo que contribuye al fallecimiento de cada uno por obligación con el santo hábito se le dé sepultura eclesiástica en la bóveda de la misma Venerable Orden Tercera, sin que concurra a mi entierro más acompañamiento que el de la santa cruz y cura de mi parroquia. Y porque como tal hermano soy de dicha Venerable Orden Tercera, debe asistir la comunidad del referido convento, además de lo expresado, suplico por el amor de Dios al actual visitador de más que le sucedan amado ministro y carísimos hermanos y discretos el que dispongan que el importe de la limosna que se paga por la asistencia de dicha comunidad se distribuya en misas a beneficio de mi ánima e intención, por la limosna de tres reales cada una, cuidando al mismo tiempo se hagan los demás sufragios que le son debidos, conduciendo mi cadáver pobres de solemnidad de quienes lo recibirán mis amados hermanos a la puerta de la iglesia, pues quiero relevarles en esta parte del trabajo material de su conducción hasta ella, dándose a cada uno de los pobres que lo condujeren dos reales de vellón, que así es mi voluntad.

Ítem que el día de mi fallecimiento, siendo hora, y si no en el siguiente, se celebre misa por todos los individuos de la comunidad de dicho convento en altares privilegiados, las posibles, por mi ánima e intención, dándose por cada una de dichas misas la limosna de tres reales de vellón, y que además de la misa cantada de cuerpo presente y en el mismo acto se digan seis misas rezadas, dándose de limosna por cada una de éstas cuatro reales de vellón, que así es mi voluntad.

También lo es se dé aviso al reverendo padre guardián del convento de religiosos de San Gabriel de esta ciudad, para que disponga que todos los individuos de su comunidad celebren en el mismo día de mi muerte o entierro misa por dicha mi ánima e intención, también en altares privilegiados, dándoseles de limosna de cada una tres reales de vellón.

Del mismo modo es mi voluntad que además de las misas que se celebren por los religiosos de una y otra comunidad, quiero que la colecturía participe de la tercera parte que le corresponda de dichas misas, sin que por esto se entienda dejarse de celebrar las que buenamente se puedan en uno y otro convento, y por la misma limosna que a estos dejo declarada.

Asimismo, es conforme a mi voluntad, que si sucediere mi muerte de madrugada y en hora de que se pueda dar aviso a dichas comunidades o aún que no haya fallecido, halándome en los últimos vales, siendo hora que se puedan celebrar dichas comunidades, quiero que se les avise para que apliquen como llevo dicho por mi ánima, lo que encargo muy encarecidamente a mi mujer, hermana y albaceas, a fin de que con todo celo cuiden de que sin falta la más leve tengan cumplimiento todas las precedentes cláusulas que tratan del bien de mi ánima.

Declaro que además de la confraternidad que tengo con la Venerable Orden Tercera de Señor San Francisco, soy hermano de la Hermandad de Nuestra Madre y Señora María Santísima de Barbaneda, con el título de la Aurora, y que esta hermandad tiene obligación de asistir a los entierros de sus hermanos, con cura y sacristán, ocho capellanes de coro, caja y cirios y misa que celebra el capellán. Es mi voluntad concurra como he dicho el cura, caja y cirios y que el capellán cumpla por su parte diciendo misa por mi ánima el día de mi entierro en el altar de mi madre y Señora de [Barbaneda] y que el importe de los derechos que se debían de dar a los capellanes del coro se entreguen por el hermano mayor al cura que es o fuere de mi parroquia, para que los invierta en misas, también por mi intención en altares privilegiados y no en otro alguno, por la limosna de cuatro reales cada una.

También declaro que al presente no debo cosa alguna a persona particular ni a dichas hermandades, y que el que pueda deber al tiempo de mi muerte o se me deba, se hallará por recibos, vales o apuntaciones de mi puño, a los que se deberá estar sin contradicción alguna, pagándose lo que yo deba con la mayor brevedad y cuidado de recaudar cuanto se me deba.

Del mismo modo declaro me hallo casado, según orden de nuestra Santa Madre Iglesia con Isabel Corbacho, de cuyo matrimonio no tenemos al presente hijo alguno, aunque dicha mi esposa se halla encinta, y así lo manifiesto, para que en todo tiempo conste, como que cuando los contrajimos no aportó otra cosa a mi poder más que la cama y ropa de su uso.

Asimismo, declaro que cuando contraje dicho mi matrimonio con la referida Isabel Corbacho aporté a él varios efectos muebles de casa, ropa y 4.000 reales en dinero efectivo los que con [folio fragmentado] adquirimos durante nuestro consorcio los [folio fragmentado] cuñado de mi consorte, para que con esta cantidad comprase, como en efecto, en los 9 de marzo del año pasado de 1785 y por testimonio del infrascrito escribano compró a don León de Sosa y Vargas un oficio de procurador del número de esta ciudad, que hoy sirve, habiendo tratado con nosotros haber de declarar la realidad y certeza de esto mismo, obligándose a satisfacernos 210 reales de vellón de réditos, a razón del tres por ciento de dicha cantidad de 7.000 reales desde el día en que tomase posesión de dicho oficio. Es mi voluntad se verifique dicha declaración y obligación hipotecaria a la responsabilidad de los referidos 210 reales de réditos mientras no lo redima, en una sola paga, y no de otra forma y por el mismo orden que con liberalidad se lo entregue.

También declaro que además del dicho aporté al matrimonio cinco suertes de viña en diferentes sitios en término de esta ciudad, de que conservo las correspondientes escrituras de su legítima pertenencia y cinco moradas de casas en esta ciudad, donde son bien conocidas, cuyo valor, para que se tenga y repute por capital mío aportado al matrimonio lo especificaré menuda e individualmente en una minuta que se hallará escrita de mi puño y letra con mi firma, cerrada, a manera de carta en uno o más pliegos de papel por cortar, con oblea negra, con el sobre escrito de esta forma: «cláusulas del testamento de Nicolás de Morales», y en lo interior principiará con una oración en alabaza de la Santísima Trinidad. Es mi voluntad que dicha minuta en la forma dicha, se le deba dar y dé tanta validación como de real y verdaderamente estuviese extendido su tenor en este mi testamento por ser parte esencialísima de él, a cuyo fin se unirá y protocolizará por el orden de derecho, dándose copia de ella para que se esté y pase por lo que contenga bien sea en orden a mejorar, legar, donar o hacer otras disposiciones que las leyes de estos reinos me permiten, sin perjudicar a mis legítimos y forzosos herederos o descendientes, pues aunque con error de entendimiento produzca alguna cláusula en dicha memoria o puesta a derecho o buenas costumbres, desde ahora para entonces quiero no valga como lo protesto.

Que en atención al sumo afecto y cariño que he tenido y tengo a mi amada esposa, lo mucho y bien que me ha estimado, asistido y mirado, y atendiendo no menos aun pobreza, llegado el caso de mi fallecimiento, la dejo por vía de limosna, legado, manda o como más haya lugar en derecho el remanente del quinto de todos mis bienes, en caso de tener quien con legitimidad me suceda, pues de lo contrario la nombro por única y universal heredera con las restricciones, obligaciones o declaraciones que contenga la citada minuta o memoria, parte de este mi testamento. Y verificado mi fallecimiento con descendientes que forzosamente me hereden, le consigno la mejora del remanente del quinto en la alhaja o alhajas que a mi arbitrio elija, sin que por persona alguna se le pueda contradecir.

Nombro por albaceas testamentarios a la referida Isabel Corbacho, mi mujer, a Juan Ramiro Almerín, mi cuñado, al citado don José Ibarra y al párroco que es o fuere de dicha mi parroquia, a todos cuatro y a casa uno, in solidum, con cuantas facultades y poder que le son debidos y permite el derecho en tales casos (…). Cumplido y pagado del remanente que quedare de todos mis bienes, derechos, acciones u futuras sucesiones que me tocan y pertenecen en cualquiera manera me pueda tocar y pertenecer, elijo y nombro por mi universal heredero a él, póstumo o póstuma que naciere a luz conforme a derecho de la precitada mi esposa, en defecto de lo cual subsista el nombramiento de heredero, que a favor de ella dejo hecho y manifestado, nombrándola por la suma confianza que tengo de su experimentada conducta de que tanto a lo que naciere como a los demás hijos que pueda tener, por tutora y curadora para que los eduque en santo temor de Dios, y pido y suplico al señor juez ante quien se presente testimonio de esta cláusula apruebe y confirme este nombramiento y la discierna este encargo con relevación de fianza, como yo, desde ahora, para entonces la relevo por ser así mi voluntad.

A la cera del culto del Santísimo Sacramento, Casa Santa de Jerusalén, redención de cautivos y demás santos lugares, mando por una vez su derecho acostumbrado con que les desisto y aparto del que podían tener a mis bienes.

Y por este mi testamento, revoco y anulo, doy por de ningún valor ni efecto todos los testamentos, codicilos, poderes para testar y otras disposiciones que antes de éste haya hecho por escrito [folio fragmentado] forma que quiero no valgan ni hagan [folio fragmentado] fuera de él, salvo el presente y cláusulas de la minuta que me reserve y tenga por mi última y final voluntad o en aquella mejor vía y forma que ha lugar en derecho. En testimonio de lo cual, así lo digo, otorgo y firmo ante el presente escribano del rey nuestro señor, real en todos sus reinos y señoríos, público y del número perpetuo de esta ciudad de Badajoz. En ella, a 28 de abril de 1786, siendo testigos Manuel Cabezas, don Josef Rodríguez Trejo y don Diego Padilla, vecinos de esta dicha ciudad. Rubricado: Nicolás de Morales. Nota: Se sacó copia del testamento el 22 de agosto de 1786 y el 13 de septiembre de 1798. 

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Notas:

(1) REESE, Thomas Ford. The architecture of Ventura Rodríguez. Garland Publishing Inc. New York & London (1976). Págs. 324-328. Presentada originalmente como tesis del autor en Yale (1973), bajo el título: La arquitectura de Ventura Rodríguez Tizón en el desarrollo del estilo del siglo XVIII en España. Vol. 2. Págs. 414-451.

(2) CRUZ VILLALÓN, María y KURTZ SCHAEFER, William S. La iglesia de San Gabriel-la Concepción de Badajoz, supuesta de Ventura Rodríguez. Revista Norba-Arte, Vol. XIV-XV, (1994-1995). Págs. 195-218.

(3) Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (RABASF). Actas. Noviembre de 1762. Fol. 87.

(4) Periódico Hoy de Badajoz (2/4/1999) Pág. 35 y SORDO OSUNA, Eduardo. El edificio del Real Hospicio de la Piedad de Badajoz, obra de Nicolás de Morales. Revista de Estudios Extremeños. Vol. 57, Nº 2 (2001). Págs. 707-732.

(5) TEJADA VIZUETE, Francisco (y otros autores). La Catedral de Badajoz. 1255-2005. Arzobispado de Mérida-Badajoz (2007). Pág. 372.

(6) CADIÑANOS BARDECI, Inocencio. Nuevas noticias de arquitectura extremeña. Revista Norba-Arte. Vol. XXII-XXIII (2002-2003). Págs. 137-150.

Agradezco a la Diputación de Badajoz los permisos para fotografiar la 'escalera noble' del Real Hospicio (luego Hospital Provincial) en 2022.


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